Lucha intercultural
y ambivalencia en la
Fiesta de Sangre
La Fiesta de Sangre (Yawar Fiesta en quechua poshispánico) es una vieja tradición cultural que se celebra, desde los tiempos coloniales, en muchas comarcas de la sierra central peruana. Aunque en el curso del presente siglo ha sufrido un proceso de decadencia, desapareciendo de numerosos pueblos y lugares, todavía se la conoce y su rito se cumple en diversas regiones donde las comunidades indígenas constituyen un elemento protagónico de la vida social, por su peso demográfico y por su presencia económica. Porque la Fiesta de Sangre es, ante todo, una tradición de los indios comuneros. No la practican los indígenas de hacienda, como tampoco lo hicieron en el pasado los indígenas reducidos en "pueblos de indios" durante el período colonial. La Fiesta de Sangre es un rito propio de las comunidades o ayllus.
La clásica variante de esta fiesta, que ha desaparecido prácticamente desde la década de 1960, consiste esencialmente en una corrida de toros en la cual participan tres protagonistas:
- Un cóndor salvaje, capturado especialmente para la ocasión. Su captura constituye un rito de especial significación, en el cual participan las comunidades que habrán de competir en la Fiesta. En los altos riscos de la cordillera los peligros se acrecientan porque es una condición ineludible que el cóndor no sea herido ni lesionado, ya que se trata del más venerado de los animales que constituyen la sagrada trinidad incaica (Cóndor, Puma, Serpiente).
- Un toro salvaje, que es casi siempre obsequio uno de los hacendados de la región, y al que se ha dejado crecer en libertad en las altas montañas. Era costumbre, hasta la década de los años cincuenta, que siempre hubiera toros jóvenes creciendo en libertad en las praderas de las alturas, a la espera de su turno para participar en la Fiesta. La captura de este animal suele ser muy sangrienta y no es raro que cueste la vida a uno o varios de los indios comuneros que participan en ella. Esta parte del ritual está muy exactamente descrita en la primera novela de José María Arguedas, Yawar Fiesta, y aquí solamente hay que subrayar que las comunidades compiten y rivalizan en demostraciones de valor temerario.
- Los maktas u hombres jóvenes de las comunidades comarcanas, que participarán en la corrida sangrienta como protagonistas de una competencia que no ofrece premios materiales.
El cóndor es atado, mediante argollas especiales, al lomo o morro del toro, de manera que pueda arrancarle pedazos de carne con las garras y con el pico. Erguida y encadenada a su víctima, que se revuelve de un lado a otro, la enorme ave sagrada de los incas se ve obligada a mantener el equilibrio con ayuda de las alas, ofreciendo un espectáculo de majestuosa tragedia que es imposible de olvidar para quien lo haya presenciado.
La terrible tortura acrecienta la furia del toro y lo convierte en una demoledora fuerza telúrica. Es entonces cuando los jóvenes comuneros, uno por uno, van saliendo a la arena, sin trapo ni capote. Llevan solamente un pequeño taco de dinamita, con la mecha encendida, en la mano. Cada uno de estos toreros singulares, desnudo de la cintura para arriba y luciendo en la cabeza los colores de la comunidad a que pertenece, debe esperar la embestida del toro, calcular con exactitud el momento de hacer el quite con el cuerpo y dejar caer el taco con la mecha encendida para que explote lo más cerca posible de las patas de la bestia sin dañar de ninguna manera al cóndor. Un leve error de cálculo puede significar, sea la amputación de la mano por explosión de la dinamita, sea la pérdida de la vida en los cuernos del toro, sea una lesión del cóndor. Esto último constituiría una tragedia moral peor que la muerte, y este recurso de poner en riesgo a la divinidad misma da a la Fiesta una tensión dramática extraordinaria.
Fácil es de imaginar la tremenda presión sicológica en que actúan estos malabaristas de la muerte, cuyo único premio será el orgullo de haber demostrado el valor de su comunidad a los ojos de todo el pueblo, pero muy especialmente a los ojos de los hacendados, que suelen presenciar esta Fiesta desde un palco especialmente construido para ellos.
La corrida puede prolongarse una, dos o tres horas. Muerto el toro, sus despedazados despojos son enterrados con honores y manifestaciones de respeto, y el cóndor es puesto en libertad después de ser paseado en triunfo por el pueblo y de recibir las muestras de veneración de las comunidades.
La otra variante de Yawar Fiesta, en la que no se utiliza el cóndor, ha sido descrita por José María Arguedas en su ya mencionada novela. Arguedas eligió esta forma de la tradición, no solamente porque era la habitual en la región de Puquio, donde él la presenció, sino también porque quería poner el acento en la confrontación entre la comunidad indígena y la hacienda, entre la cultura del indio comunero y la del patrón o hacendado blanco, entre lo quechua y lo hispánico.
La Rana Dorada
Carlos Vidales ©
Fuente: http://hem.bredband.net/rivvid/carlos/fiesta.htm

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